Gracias Dios, es bueno esperar en Tí.
domingo, 28 de septiembre de 2008
lunes, 1 de septiembre de 2008
CUANDO SE ACABA EL AMOR

No creo que haya sobre esta tierra persona alguna que no anhele ser amada franca e incondicionalmente, todos buscamos un “amor eterno”, los novios frente al altar de Dios se prometen: “Te amaré hasta que la muerte nos separe”, y otras tantas promesas que emocionan a los asistentes incluso hasta las lágrimas.
Alguna vez asistí a un matrimonio en el que la novia entonó una canción alusiva a tan sacra unión y los ojos del novio se empezaron a llenar de lágrimas, yo espero que esa unión continúe y que todas las promesas vertidas frente a más de doscientos asistentes se cumplan una a una. Sin embargo, también son muchas las parejas que al paso de los años, a veces pocos años, cuatro, o cinco, sienten que se han unido a un desconocido (a), que lo único que aprecia sobre todas las cosas es a él mismo; “no lo perdonaré jamás”, me dijo una amiga sumamente dolida por la actitud de su esposo (ambos cristianos) que no la supo defender de las críticas muy duras que le hicieron los parientes de él. Al parecer, esa falta de perdón hizo nacer pronto raíces de amargura que crecieron y después de más de quince años amenazan con derrumbar su matrimonio.
Hace unas semanas conversé con ella, “estoy orando por tu familia” le dije, “confío que Dios esté obrando y restaurando la relación con tu esposo”, ella se quedó en silencio y luego me respondió: “no deseo volver con él” (ellos están viviendo separados hace unos cinco meses), “solo pensar que volverá a casa me enfermó y estuve mal casi una semana”, escuchar este tipo de cosas me impacta, no puedo evitar hacerme la pregunta: “¿se acabó el amor?”, quienes hemos reflexionado acerca del amor a la luz de la Palabra de Dios, sabemos que amar no es solo un sentimiento, es una acción que se manifiesta como consecuencia de una decisión, que debe estar basada en el conocimiento de la otra persona, sabemos que durante la etapa del noviazgo no llegaremos a conocer a profundidad a quien será el o la cónyuge, que el verdadero conocimiento se dará por la convivencia, pero en la medida de la sinceridad y la imparcialidad que ambos pongan en la etapa previa al matrimonio se podrán evitar muchas desilusiones.
Entonces, en realidad el amor nunca se acaba (“El amor nunca deja de ser”, 1Co. 13), lo que se acaba es la comunicación entre él y ella, si hacemos una analogía entre la Iglesia y Cristo, y el esposo y la esposa, esto es muy fácil de entender: la oración y la lectura de la Palabra hacen que estemos en contacto permanente con el Señor, es decir que estemos comunicados; eso requiere de la voluntad, es decidir hacerlo, oraré porque necesito decirle al Señor qué me está pasando, decirle que le amo, que estoy alegre o triste, en fin; hablar con Él. Leyendo la Biblia sabré qué piensa Dios, conoceré lo que quiere de mí, seré enseñado por los ministros de la fe, alabaré, viviré plenamente MI RELACIÓN con Dios.
En la relación de esposos debe ocurrir algo similar, debe haber comunicación, él debe saber qué le disgusta a ella (que deje las cosas tiradas- es lo más frecuente), ella debe saber qué le disgusta a él (que se tarde demasiado para alistarse- es lo más frecuente), y ambos deben acordar cómo resolver estos asuntos, en realidad muy caseros, pero todos conocemos el pasaje bíblico: "Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas que echan a perder las viñas, porque nuestras viñas están en cierne" (Cantares 2:15), el pasaje se escribió en el contexto de una relación de pareja, por lo que considero se debe aplicar prioritariamente como consejo para evitar que las pequeñas cosas deterioren o hagan implosionar el amor. Por supuesto, estas no son las únicas causales de un distanciamiento, tal vez se hacen más notorias cuando algo mayor ha ocurrido, por ejemplo que ella haya perdido la admiración que sentía por él, ahora lo ve tan inseguro, falto de iniciativas, descuidado, dejado, y se pregunta: “¿qué será de la familia si esto sigue así?”, se puede proyectar lo mismo para el caso del varón; si en la escena hace su aparición otro (u otra) la situación se complicará porque el engaño, la infidelidad, la traición, jamás conducirán a nada productivo.
“Yo le aceptaré de regreso cuando vea que él ha cambiado de verdad”, me dijo mi amiga la última vez que conversamos, “ya no me quiero exponer a una persona inmadura y carnal”, comprendo su temor, pero hasta qué punto esta es la solución, si él quiere volver, ¿no es bueno que ella le de otra oportunidad? O que al menos le haga saber que hay una condición que debe cumplirse para rehacer su vida en común, ¿no lo estará exponiendo a ser presa de las tentaciones y circunstancias diarias de la vida?, ¿realmente el amor se acabó? Consideremos primero la Palabra de Dios y dejemos que sea Él quien restaure nuestras relaciones, si oponemos resistencia solo perderemos un valioso tiempo de felicidad.
Solo hay una razón bíblicamente fundada por la que se acepta el divorcio: la infidelidad, cualquier otra situación es mucho más fácil de resolver, lo que significa que aún la infidelidad se puede superar si ambos están dispuestos a someterse nuevamente a la voluntad del Señor, recalco ambos porque muchas veces es únicamente él o ella, y así no es posible reparar nada.
domingo, 31 de agosto de 2008
Vine a Adorarte
El Señor es el único digno de toda adoración. Aprendamos a adorarle en Espíritu y en Verdad, la vida de un adorador es muy diferente a la de aquél cristiano que mira al Señor a distancia, sin experimentar Su presencia y sin poder captar su consejo oportuno. Muchos son los que profesando ser cristianos se privan de este privilegio, e incluso se muestran escépticos ante testimonios de quienes han recibido los distintos dones del Espíritu Santo, lo cual es solo posible durante la adoración.
Si recibes los dones del Espíritu Santo te estarás equipando para enfrentarte al enemigo de Dios y de nuestras almas. Prueba esta experiencia y tu vida experimentará un cambio radical.
sábado, 23 de agosto de 2008
viernes, 2 de mayo de 2008
Un cuento con propósito

Quienes gustamos de la fantasía, con seguridad disfrutamos de la saga de C.S. Lewis, en las Crónicas de Narnia. La saga está formada por siete volúmenes: “El león, la bruja y el ropero”, “El príncipe Caspian”, “La travesía del Explorador del Amanecer”, “La silla de plata”, “El caballo y su niño”, “El sobrino del mago” y “La última batalla”. En el volumen “El sobrino del mago”, el mal es representado por Jadis, mientras que Aslan, el león, es una figura de Cristo. La fuerza del relato es impresionante por la visión del autor al imaginarse lo que ocurrirá en un futuro o “un mundo que todavía no era hecho” tal como lo denomina.
El poder de la alegría se evidencia en el canto de Aslan: “… ellos escucharon un canto que parecía causar que las estrellas comenzaran a brillar y el sol a crecer”. El canto del gran León (Aslan) transmitía vida al mundo, a sus animales, plantas, siendo todo creado de la nada. En tanto esto ocurría, la malvada Jadis ataca repentinamente a Aslan con una barra de hierro (extraída de un farol de Londres), pero como ante el golpe el León ni se inmutó, ella huyó, mientras la barra de hierro crecía como un farol en el joven suelo narniano. Aslan seleccionó a algunos animales para que se vuelvan bestias parlantes, dándoles autoridad sobre las bestias estúpidas.
En otro interesante pasaje Aslan, manda a Digory (el sobrino del mago) a una jornada en la que debía conseguir una manzana especial que impida el regreso de la Bruja malvada a la reciente ciudad de Narnia. Polly, Digory, y el caballo (convertido por Aslan en un pegaso parlante) del cochero (un personaje que ejemplifica la igualdad de clases sociales) volaron a una lejana montaña para obtener la manzana de un jardín amurallado. En el momento que Digory toma la manzana y se prepara para partir, Jadis (recuerden, la bruja malvada) llega y lo tienta a comer la manzana y obtener juventud eterna, o bien, ser secretamente transportado de regreso a Londres y usarla para curar a su moribunda madre.
Jadis misma había comido una (ya saben quién quiso ser como Dios …), por lo que se había vuelto inmortal y había probado el poder del fruto. Aunque tentado de salvar a su madre, Digory mantiene su promesa a Aslan y viaja de regreso a Narnia para darle personalmente la manzana.
Aslan le dice a Digory que había cumplido satisfactoriamente y lo instruyó a plantar la manzana en la tierra. Él entonces realiza una ceremonia para coronar al rey y la reina de Narnia (Frank el cochero y su esposa, Helen, la cual fue transportada mágicamente a Narnia por el gran León). En tanto, un nuevo árbol creció en el lugar donde Digory había plantado la manzana. Aslan explica que el árbol protegerá a Narnia de la Bruja: desde que ella robó una manzana del árbol original de una manera egoísta, su fruto ahora es abominable para ella, y Narnia disfrutará un periodo semejante al Edén. Aslan le dice a Digory que una manzana robada habría curado a su madre, pero el día hubiera venido después y ella hubiera preferido morir en su enfermedad. Aslan luego le da a Digory una manzana del árbol de la protección para que se la lleve a su madre para salvarla, y envía a los niños y al tío Andrew de regreso al Bosque entre los mundos, de donde ellos regresan a Londres, Digory le da la manzana a su madre, la cual se cura, y entierra el hueso de la manzana en su patio trasero. De igual forma entierra los anillos mágicos (uno amarillo y otro verde), pues Aslan le había encomendado salvaguardarlos para prevenir malos usos futuros.
El hueso de manzana se convierte en un árbol, y años después cae en una tormenta. Digory no puede soportar el uso del árbol como leña, así que construye un ropero, vinculando el final de la narrativa con la siguiente historia, según su orden cronológico en las series, El león, la bruja y el ropero. El "viejo profesor" en esa historia es Digory, que vivía en un vieja casa de campiña, la cual había heredado de su padre, que había heredado asimismo de su abuelo, poco después del retiro de sus servicios en la India, así como está descrito en el final de El sobrino del mago.
Al terminar de leer estos libros, te queda la clara sensación de haber reconocido en la figura de Aslan, varias características del Mesías, el León de Judá, a quien este mundo cada vez más agobiado por la sinrazón y el vació existencial, necesita conocer.
El poder de la alegría se evidencia en el canto de Aslan: “… ellos escucharon un canto que parecía causar que las estrellas comenzaran a brillar y el sol a crecer”. El canto del gran León (Aslan) transmitía vida al mundo, a sus animales, plantas, siendo todo creado de la nada. En tanto esto ocurría, la malvada Jadis ataca repentinamente a Aslan con una barra de hierro (extraída de un farol de Londres), pero como ante el golpe el León ni se inmutó, ella huyó, mientras la barra de hierro crecía como un farol en el joven suelo narniano. Aslan seleccionó a algunos animales para que se vuelvan bestias parlantes, dándoles autoridad sobre las bestias estúpidas.
En otro interesante pasaje Aslan, manda a Digory (el sobrino del mago) a una jornada en la que debía conseguir una manzana especial que impida el regreso de la Bruja malvada a la reciente ciudad de Narnia. Polly, Digory, y el caballo (convertido por Aslan en un pegaso parlante) del cochero (un personaje que ejemplifica la igualdad de clases sociales) volaron a una lejana montaña para obtener la manzana de un jardín amurallado. En el momento que Digory toma la manzana y se prepara para partir, Jadis (recuerden, la bruja malvada) llega y lo tienta a comer la manzana y obtener juventud eterna, o bien, ser secretamente transportado de regreso a Londres y usarla para curar a su moribunda madre.
Jadis misma había comido una (ya saben quién quiso ser como Dios …), por lo que se había vuelto inmortal y había probado el poder del fruto. Aunque tentado de salvar a su madre, Digory mantiene su promesa a Aslan y viaja de regreso a Narnia para darle personalmente la manzana.
Aslan le dice a Digory que había cumplido satisfactoriamente y lo instruyó a plantar la manzana en la tierra. Él entonces realiza una ceremonia para coronar al rey y la reina de Narnia (Frank el cochero y su esposa, Helen, la cual fue transportada mágicamente a Narnia por el gran León). En tanto, un nuevo árbol creció en el lugar donde Digory había plantado la manzana. Aslan explica que el árbol protegerá a Narnia de la Bruja: desde que ella robó una manzana del árbol original de una manera egoísta, su fruto ahora es abominable para ella, y Narnia disfrutará un periodo semejante al Edén. Aslan le dice a Digory que una manzana robada habría curado a su madre, pero el día hubiera venido después y ella hubiera preferido morir en su enfermedad. Aslan luego le da a Digory una manzana del árbol de la protección para que se la lleve a su madre para salvarla, y envía a los niños y al tío Andrew de regreso al Bosque entre los mundos, de donde ellos regresan a Londres, Digory le da la manzana a su madre, la cual se cura, y entierra el hueso de la manzana en su patio trasero. De igual forma entierra los anillos mágicos (uno amarillo y otro verde), pues Aslan le había encomendado salvaguardarlos para prevenir malos usos futuros.
El hueso de manzana se convierte en un árbol, y años después cae en una tormenta. Digory no puede soportar el uso del árbol como leña, así que construye un ropero, vinculando el final de la narrativa con la siguiente historia, según su orden cronológico en las series, El león, la bruja y el ropero. El "viejo profesor" en esa historia es Digory, que vivía en un vieja casa de campiña, la cual había heredado de su padre, que había heredado asimismo de su abuelo, poco después del retiro de sus servicios en la India, así como está descrito en el final de El sobrino del mago.
Al terminar de leer estos libros, te queda la clara sensación de haber reconocido en la figura de Aslan, varias características del Mesías, el León de Judá, a quien este mundo cada vez más agobiado por la sinrazón y el vació existencial, necesita conocer.
Aún en medio de la tormenta y los tiempos difíciles es posible conservar la paz

Había una vez un rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas lo intentaron, el rey observó y admiró todas las pinturas, pero solamente hubieron dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas. La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre estas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos quienes miraron esta pintura pensaron que esta reflejaba la paz perfecta. La segunda pintura también tenía montañas, pero estas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. En todo esto no se revelaba nada pacífico. Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, se percató que tras la cascada había un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir de la violenta caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito, al centro de su nido ... Sin dudarlo el Rey escogió esta pintura y explicó: "Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas, exista calma y serenidad dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz".
En la vida atravesamos por distintas situaciones que ejercen tal presión en nosotros que acaban con nuestra serenidad, podría ser la pérdida de un ser querido, la falta de trabajo, una grave enfermedad, etc. Sin embargo, debes saber que aunque todo esto te falte, y esas carencias quiten TU paz, Cristo prometió darte SU paz: "La paz os dejo, mi paz os doy, yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo" (Jn. 14:27), recíbela ...
En la vida atravesamos por distintas situaciones que ejercen tal presión en nosotros que acaban con nuestra serenidad, podría ser la pérdida de un ser querido, la falta de trabajo, una grave enfermedad, etc. Sin embargo, debes saber que aunque todo esto te falte, y esas carencias quiten TU paz, Cristo prometió darte SU paz: "La paz os dejo, mi paz os doy, yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo" (Jn. 14:27), recíbela ...
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